Sobre decisiones

Durante todo el transcurso de nuestra vida tenemos que tomar diferentes decisiones que nos llevarán en una dirección o en otra. 
Decisiones que van desde “¿qué ropa me voy a poner hoy para ir a clase?” hasta “¿dónde me voy este año de vacaciones?” pasando por “¿qué carrera voy a estudiar?” o “¿cómo le llamamos, Aurora o Alicia?”.

Pero siempre surgen dudas cuando tenemos que tomar una decisión, y más si se trata de una relativamente importante: “¿Y si elijo esta opción y pasa tal cosa? pero ¿y si elijo la otra y pasa esta otra cosa?”. Y seguramente todo el mundo habrá pensando alguna vez algo como: ¿qué habría pasado si no hubiese cogido el autobús aquel día? o ¿dónde estaría yo ahora si hubiese aceptado el otro trabajo?”.

Y siempre el mayor problema a la hora de tomar una decisión es pensar si estás preparado para decidir algo tan importante, o si vas a ser capaz de elegir un camino concreto sabiendo que es posible que puedas perderte algo.

Tengo miedo a no saber elegir bien o precipitarme al tomar una decisión y que luego no salga bien. Pero es que también soy muy impaciente, cuando quiero algo de verdad pero sé que ahora mismo no puedo tomar ese camino porque es demasiado precipitado o demasiado pronto y me tengo que convencer a mi misma diciendo “cuando estés preparada podrás hacerlo”. Y siempre me pregunto: ¿cuándo y cómo sabré que estoy preparada?

¿Vosotros estáis contentos con (casi) todas las decisiones que habéis tomado en vuestra vida? ¿Os arrepentís de alguna? ¿Pensáis que podéis llegar a arrepentiros de alguna decisiones que toméis o sois de los que piensan que las cosas pasan porque tienen que pasar, y punto?

¿Pensáis?

Yo sigo pensando.

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Hablemos de historias

-Señora: Ay dios mío, pues si que hace calor esta tarde.
-Tú: La verdad es que si.
-Señora: Mira que dijeron que iba a venir ya el frío…. Ay hija, pero es que una no sabe ya que ponerse cuando va a salir a la calle… Vaya como está el tiempo.
[…]

¿Esto es una historia? Bueno, puede que no. Esto puede ser una simple conversación que tienes una tarde con una señora mayor subiendo en el ascensor cuando vas a ir a casa de tu novio.
Pero, ¿no hay una historia detrás de esto? Seguramente esta señora viva sola en casa y solamente pueda hablar con alguna persona en el rato que sube o baja en el ascensor o cuando pone la tele, lo típico de “yo es que siempre dejo la novela puesta para sentir compañía”. También podría hablar con las abuelitas mayores de su barrio cuando va a hacer la compra, pero ¿y si las demás viejecitas son un poco brujas (“no dije bruja” [guiño a CCAVM]) y no se “ajuntan” con ella? Pues entonces tiene que aprovechar cada segundo que va en el ascensor para hablar al menos con una persona al día.

Ea, ahí tenéis la historia triste de la abuelita solitaria que le gusta hablar en el ascensor.

Pero hay más tipos de historias. Más