Cuestión de futuro

De un tiempo a esta parte hay una palabra que me asusta pero que a la vez me fascina: futuro.

El futuro… Será la edad o qué sé yo, pero cada vez me da más miedo enfrentarme a él, cada vez estoy más asustada y lo veo un poquito más negro.

Es que… es que… ¡Jo!

Marzo parece que es la época en la que todo el mundo ha decidido, por lo menos, lo que va a hacer el próximo año. Vale, casi todas las cosas que requieren matrícula y papeleo y todo eso se suelen hacer ahora. ¡Pues eso! Todo el mundo sabe ya lo que va a hacer…

Una amiga se va el curso que viene de Erasmus a Hielolandia, que era lo que quería; a otro amigo le van a dar un becón (entiéndase, beca de las tochas) para ir a trabajar a Noruega; y mi novio sabe que, pase lo que pase, él quiere seguir su camino por el mundo del dibujo.

¿Y yo qué?

¿Yo? Pues este año termino la carrera de Magisterio de Primaria (como se dice “si Dios quiere”, que más le vale que quiera…) y ¿qué quiero hacer luego? Pues muchas cosas, pero parece que no puedo hace nada.

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